Andrés Vesalio y las rupturas con el pensamiento inmóvil

Artículo de Germán Rodas Chaves para Informe Fracto – México

Detrás de la antinomia salud-enfermedad y de los avances de la ciencia y de las técnicas médicas, se encuentran las luchas y contradicciones sociales; los determinantes culturales, económicos y ambientales; el desarrollo del pensamiento médico, así como los mundos subjetivados, los cuales –entre otros- constituyen un todo que se vuelve responsable en la ordenación de la ciencia y en los avances cualitativos de ella.

Ahora bien, el proceso referido no puede constituirse en una ecuación acabada si no se halla complementado de mentalidades brillantes, lúcidas, críticas, fuera de lo común, capaces de dar cuenta de los entornos y, a partir de ello, con plena aptitud para contribuir al conocimiento.

Lo referido se vuelve evidente si tenemos que hablar del periodo renacentista y dentro de él respecto del rol que compló el médico Andrés Vesalio, cuya praxis se nutrió de una época caracterizada por la opinión analítica y de cuestionamiento a las ideas –particularmente las religiosas y del mundo acorralado entre los límites que ellas habían fabricado para la humanidad- que se habían estructurado a partir del sistema aristotélico y de Platón.

Por lo tanto, los tiempos de Vesalio fueron los correspondientes a una especie de disolución de la escolástica –una ruptura fundamental con el pensamiento inmóvil- en medio de una corriente de renovación que examinó el modo de razonar y que fue capaz de reinterpretar –por decir de alguna manera- la filosofía griega; que cuestionó -como lo hiciera Erasmo- sobre las formas de vivir; todo esto adicionalmente a las opiniones modificatorias que propuso Tomas Moro respecto de la organización social y económica.

Lo referido ocurrió a contrapelo de la crítica al principio de autoridad y a la par del desarrollo de la nueva ciencia, en cuya tarea Copérnico y Galileo establecieron los nuevos conceptos de la naturaleza.

En este entorno histórico la figura de Vesalio resplandeció con luz propia hace cinco siglos. Sus conocimientos del latín, del griego, del árabe y del hebreo, lo pusieron a este científico nacido en Bruselas, cerca de las opiniones y de los saberes particularmente de la medicina, a cuyo estudio dedicó sus mejores esfuerzos desde los primeros años de su juventud, cuando abordó el aprendizaje médico en París, en un ambiente en el que prevalecía aún el galenismo.

Posteriormente su formación la continuó en Lovaina. Allí Vesalio realizó disecciones y publicó su primera obra que se editó en 1537. Luego estuvo en Padua donde continuó sus estudios y en cuyo lugar rindió la prueba doctoral que le permitió ejercer la enseñanza de anatomía y la docencia en cirugía.

Fue en este sitio donde Vesalio inició las innovaciones en sus cátedras. Las explicaciones a sus alumnos ocurrieron junto al cadáver –abandonando el método medieval y las concepciones de aquel tiempo que habían impedido dicha práctica docente- complementando tales explicaciones con el uso de láminas que el propio Vesalio las dibujó luego de sus estudios rigurosos sobre el cuerpo humano; todo ello en momentos en que las ilustraciones anatómicas no estuvieron indexadas en ningún tratado de medicina, habida cuenta que las láminas de Leonardo de Vinci todavía habían permanecido inéditas.

En su permanente tarea de estudiar la anatomía, Vesalio identificó las estructuras del cuerpo humano que no habían sido descritas; por este camino llegó a una postura de distanciamiento con el pensamiento galénico, en medio del revuelo del Claustro de Padua y del cuestionamiento de aquellos que –como en todos los tiempos- se sujetan al inmovilismo de las ideas.

La tarea investigativa de Vesalio constituyó un salto cualitativo en la historia de la medicina a partir, también, de su aproximación al método científico descriptivo, construido en la observación directa.

Así, los aportes científicos de Vesalio provinieron de la disección del cuerpo humano -lo cual no ocurrió con Galeno quien trabajó sobre primates-por ello cabe decir, entonces, que el procedimiento de Vesalio devino de una postura científica que se materializó alrededor de la gnoseología interesada en la objetividad.

Los tiempos del renacimiento permitieron –aun en medio de ciertas limitaciones epistemológicas-cuestionar lo que ha se había considerado como verdad absoluta. Vesalio caminó con paso firme por esa vía, de allí que su aporte es de enorme trascendencia a la medicina, asunto que quedó modelado en su obra fundamental denominada, “Sobre la estructura del cuerpo humano”.

En efecto, en  1542 este tratado de anatomía ya estuvo listo. También concluyó el “Epitome”, una especie de compendio para el uso de estudiantes. El texto, al que se unieron 300 planchas grabadas en madera por calcar, salió en mula, desde Padua hacia Basilea, al Taller de Juan de Oporino y, en 1543, vieron la luz los primeros ejemplares.

Si bien la obra de Vesalio no fue –no podía ser- la producción de un estudio anatómico perfecto, constituyó un salto fundamental en cuanto a los métodos para acercarse a la realidad del cuerpo humano, sin cuya comprensión ninguna rama complementaria de la medicina hubiera podido ser posible.  

Debido a los métodos de estudio impulsados por Vesalio y a causa de sus afirmaciones, la obra desencadenó una gran controversia que no cesó ni en los momentos en que este científico fue nombrado médico de la Corte de Carlos l y posteriormente de su hijo Felipe ll. Por el contrario, sus enemigos parapetados en la inquisición –ese lúgubre instrumento del pensamiento dogmático y vertical- lo condenaron a muerte, pena que fue sustituida por la obligación de peregrinar a Jerusalén, en cuyo viaje el anatomista pereció.

Su vida y su desaparición física aún nos conmueven. Su vida, puesto que fue un ejercicio permanente para redescubrir la verdad por encima de todo. Su muerte, porque constituyó el corolario a una perversa faena en donde la ausencia de todo razonamiento fue su sello principal.

La obra de Vesalio, pues, esboza el salto cualitativo de la humanidad en el recentismo que se abrió paso a la historia, con marcha acelerada, para hacernos constatar que el devenir de la ciencia no puede estar alejada del análisis crítico y que ese mismo pensamiento –aun en sus formulaciones más elementales- constituyó, en la historia de las ideas, el motor fundamental para instituir ciencia y técnicas al servicio del género humano, lejos de axiomas acabados, de pensamientos únicos o de ortodoxias que solo han orillado con el dogmatismo.